Torre gótica de Santa María la Mayor de Alcañiz
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Torre gótica de Santa María la Mayor de Alcañiz



La Torre de la Concordia, una construcción singular en Alcañiz

Testigo monumental del templo gótico

Este robusto y hermoso campanario, conocido como «Torre de las Campanas«, constituye uno de los más antiguos vestigios que conserva la ciudad de Alcañiz y el principal testimonio de la antigua iglesia gótica demolida en el siglo XVIII, sustituida por la gran edificación barroca que hoy contemplamos.

Esta torre se elevaba en la zona de los pies del antiguo templo, adosada a su fachada meridional. Al edificarse la iglesia barroca, se descartó la orientación habitual hacia el Este, dado que se quiso aprovechar al máximo el solar disponible y dirigir la portada hacia el centro cívico de la población. De ahí que se optase por una orientación diferente, determinada por la disposición de la capilla de la Soledad, recién construida, con la que quedó perfectamente alineada.

Cuando en el 25 de agosto de 1735, el arzobispo de Zaragoza don Tomás Agüero autorizó la demolición del templo gótico, precisó que se debía conservar el antiguo campanario. Su monumentalidad frenó el impulso renovador del barroco. Todavía hoy, se presenta imponente ante nuestros ojos, a pesar de las grandes dimensiones del templo contiguo y la disminución en su altura al habérsele privado de su chapitel. ¡Imaginemos cómo debía resaltar a la antigua iglesia y un caserío más reducidos!

Esta obra es una de las torres góticas más notables de la antigua Corona de Aragón. Se ha asociado tradicionalmente con el deseo de la ciudad, entonces villa, de erigir un símbolo del poder municipal frente al señorial materializado en el gran castillo calatravo. A esta función simbólica se sumaba lógicamente al cívico-religiosa, implícita a su condición de torre campanario. La documentación y la propia heráldica confirman el vínculo entre esta torre y el Concejo, principal impulsor de su construcción y responsable del mantenimiento de su reloj y campanas que durante siglos han marcado el ritmo del día a día y de la vida cotidiana de los alcañizanos.

Torre gótica de Santa María la Mayor de Alcañiz

Historia constructiva

Se trata de una gran torre prismática de planta cuadrada, estructurada en cuatro pisos, en la que destacan sus estilizados ventanales y curiosas gárgolas. Su construcción se inició a mediados del siglo XIV, siendo el arzobispo de Zaragoza don Pedro López de Luna y Ximénez de Urrea, tal como confirma la presencia de su escudo en ella. Durante esta primera fase constructiva se llevo a cabo su planta baja: la que durante siglos acogió la sala capitular.

La fábrica se interrumpió precipitadamente al concluirse el mencionado cuerpo inferior, posiblemente a causa de acontecimientos de tan terribles consecuencias como la Peste Negra de 1348, que dejó reducida a la mitad la población del reino de Aragón, y las Guerras de la Unión (1347-1348). La debilitada situación económica resultante y las dificultades derivadas de la guerra con Castilla, llamada «de los Pedros», supuso que se demorase considerablemente la reanudación de las obras.

La continuación de la fábrica de esta torre se llevó a cabo en las primeras décadas del siglo XV. Durante esta segunda fase constructiva se elevó el resto de la torre que vemos en la actualidad: la planta primera, también llamada «del reloj»; la segunda, en la que se abren grandes ventanales; y la tercera o cuerpo de campanas. Se ejecutó en un periodo de gran actividad constructiva en la población, en el que también se lleva a cabo la edificación de la Lonja y del Hospital de San Nicolás, y en uno de los momentos históricos más brillantes de la historia de Alcañiz, al ser testigo y protagonista de acontecimientos tan significativos como la elevación de Santa María la Mayor a la dignidad de colegiata por Benedicto XIII, el Papa Luna, el 13 de mayo de 1407; la celebración de la llamada Concordia de Alcañiz, entre los años 1411 y 1412; y otro de gran calado como la Disputa de Tortosa (1413-1414), entre cristianos y judíos. Acontecimientos en los que jugaron un papel muy importante tres personas de notable influencia que traspasa ampliamente el ámbito local: el ya citado Benedicto XIII, san Vicente Ferrer y el alcañizano Domingo Ram y Lanaja.

Esta construcción en dos claras fases y la interrupción de la fábrica ya se intuía pero ha quedado confirmada tras los recientes trabajos de restauración y los estudios que los han acompañado. Al cambio en el color y tamaño de los sillares que se había observado a partir de la zona media de la primera planta, la interrupción a esta misma altura del cuerpo poligonal que aloja la escalera helicoidal extramural, el retranqueo del plano de la torre en tres de sus caras y la diferencia en el trazado de los arcos que definen los vanos, se suma la evidencia de que el forjado entre la planta baja y primera sirvió durante un tiempo considerable de terraza, con su inclinación y salidas de agua, y la localización de motivos escultóricos inacabados y ocultos bajos los grandes florones barrocos de la planta baja. La diferencia estilística en la labor escultórica también refuerza esta secuencia cronológica.

En el siglo XVI se sustituyó el chapitel gótico original por otro de ladrillo que fue derribado parcialmente en 1845, cuando se colocó un nuevo reloj. En 1985, al llevarse a cabo un proyecto de restauración de esta torre, se eliminó el pequeño cuerpo de ladrillo que todavía conserva y adquirió el aspecto que mantiene en la actualidad: conclusión aterrazada con un cuerpo de remante de hierro, en el que puede leerse la fecha de 1574.

Torre gótica de Santa María la Mayor de Alcañiz

Descubriendo el corazón de La Torre de la Concordia de Alcañiz

Sala capitular, planta baja

A la planta baja de esta torre se puede acceder desde el actual templo barroco o directamente desde el exterior. Esta estancia, usada durante siglos como sala capitular, se cubre con bóveda de crucería cuyas nervaduras se prolongan mediante columnas adosadas a sus esquinas. También se utilizó como archivo de la Colegial. En el siglo XVIII se redecoró de acuerdo con el gusto barroco: sus muros y cubierta se cubrieron con yesos, se aplicaron cuatro grandes florones sobre las antiguas ménsulas y un gran motivo en forma de venera sobre el acceso exterior. La clave original quedó oculta bajo un lienzo circular en el que se pintó el escudo del Cabildo: Santa María la Mayor (con el niño, coronada y con cetro), los elementos procedentes de las armas de Benedicto XIII (quién concedió el título de colegial) y las dos cañas laterales alusivas a Alcañiz. Este motivo se dispuso también sobre el arco de acceso de la portada principal del templo barroco y se conserva en diversos documentos del Archivo Parroquial.

El reciente proceso de restauración ha permitido la recuperación de elementos de singular interés como la clave gótica, en la que se esculpió una figura episcopal entronizada, símbolo del poder de la iglesia y del arzobispado de Zaragoza, rodeada de cuatro escudos, entre los que se identifican el señal de Aragón con tres palos, el de don Pedro López de Luna y posiblemente el del linaje de los Castillón/Castellón. También se ha puesto en valor el amplio ventanal con frisos decorativos de carácter vegetal, la puerta original de considerables dimensiones que comunicaba con el exterior y la que conducía hacia las otras estancias de la torre que muestra un elegante diseño conopial, fruto de una remodelación posterior.

Ventana al templo gótico

Por la misma escalera de caracol que la comunica con la primera planta y tras descender varios peldaños, se accede a los restos de la esquina de la nave derecha del templo gótico. En este pequeño espacio se conserva una estilizada columna con ménsula decorada con un escudo con las barras de Aragón y un fragmento de nervio de crucería. Con estos elementos queda definida la altura de este tramo y la dirección del antiguo templo.

Sala del reloj, primera planta

El acceso a este piso desde la planta baja se hace por medio de una escalera helicoidal o de caracol extramural. Este tramo de ascenso está iluminado por estrechos vanos o saeteras. Frente al primero de ellos se localiza el grafito con la representación de la cabecera de un templo gótico, que hasta el estudio reciente de los restos de la obra medieval, se pensó que podía ser la del propio templo alcañizano.

Esta estancia se cubre también con bóveda de crucería sencilla. Presenta ménsulas decoradas con la caña del escudo de Alcañiz, dos bustos y una gran hoja. Tiene dos ventanas abocinadas y abiertas en arco de medio punto, en el lado oriental y meridional. Su clave muestra una delicada Virgen con el Niño, que denota un estilo ostensiblemente más refinado, coincidente con el llamado gótico internacional, que el de la clave de la planta inferior. La Madre lleva en su mano derecha un lirio y el Niño sujeta un pajarillo. El reloj se adquirió por parte del Ayuntamiento en 1897 y ha sido restaurando recientemente.  La conexión con la siguiente planta se hace en dos fases: por medio de una escalera de caracol incluida en un cuerpo cilíndrico de yeso (ostensiblemente superpuesto a la construcción original) y por una segunda escalera de caracol intramural.

Sala de los ventanales, segunda planta

Esta estancia es de una belleza excepcional. Presenta esbeltos ventanales, con un diseño claramente gótico, basado en la sucesión de arcos apuntados en degradación. Son todos diferentes. El del Este es el más amplio, está dividido en tres luces y su tracería se basa en trilóbulos y lóbulos acogidos por circunferencias.

Presenta bóveda de crucería, en cuya clave está representada Santa Bárbara. Su presencia puede asociarse con el mensaje salvífico que tuvo en la imaginería medieval. El personaje masculino, de aspecto demoníaco, esculpido en una de sus ménsulas y el animal fantástico, alusivo a las tentaciones, podrían reforzar la idea de la lucha del bien y del mal, y de la redención.

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Cuerpo de campanas, tercera planta

Esta torre ha mantenido la función de campanario durante más de 600 años: desde su construcción hasta la actualidad. En los cuatro muros de esta estancia se abren vanos para acoger las campanas. Están definidos por arcos ligeramente peraltados. Se cubre con una bóveda en forma de casquete hemisférico conseguido por aproximación de hiladas.

Mirador privilegiado a Alcañiz

Tras el ascenso de los 171 escalones, el visitante recibe como recompensa la posibilidad de contemplar la bella panorámica de la ciudad y de sus alrededores que ofrece la planta aterrazada en la que termina esta torre, «custodiada» por las curiosas gárgolas que conducen el agua que se puede acumular en la propia terraza. El alto grado de deterioro de estas piezas dificulta la identificación de los motivos representados. Tres de ellas han sido sustituidas por nuevas gárgolas realizadas por el artista alcañizano José Miguel Abril Aznar. 

Desde esta planta puede verse con detalle el remate del hierro forjado del siglo XVI (1574), reforzado a mediados del siglo XIX. Este elemento sirve de soporte a las antiguas campanas del reloj, una de ellas de 1850 y otra de menores dimensiones de 1644, y una esbelta veleta de 1884.

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La torre de la Concordia

Al evidente interés artístico de esta torre se une su valor histórico. Estamos ante un singular testigo de la Concordia de Alcañiz y las Cortes del Reino, por ser el último vestigio del templo gótico en el que se reunían los parlamentarios aragoneses en Alcañiz y porque en ocasiones lo hacían precisamente en la sala capitular de su planta baja.

Entre los muros de Santa María se celebraron un gran número de sesiones de las Cortes de Aragón a lo largo de los siglos XIV y XV. Los parlamentarios de la Corona se reunieron en el mismo templo, durante más de cien sesiones, del 2 de septiembre  de 1411 al 28 de marzo de 1412, con el objetivo de resolver el procedimiento para la proclamación del sucesor de Martín I de Aragón, el Humano, al fallecer sin descendencia. Proceso que concluyó con la entronización de Fernando de Antequera en la Corona de Aragón. Entre estas reuniones destaca, sin duda, la celebrada el día 15 de febrero de 1412, con la firma de la Concordia de Alcañiz: articulado con 28 capítulos con las condiciones para la elección del rey.

El 17 de febrero, la sala capitular de esta torre fue testigo de un acontecimiento de singular interés: la ratificación de la Concordia de Alcañiz, ante el Parlamento de Aragón, por parte de los embajadores del Parlamento de Valencia. Lo que suponía la aceptación de los nueve compromisarios que designasen los parlamentarios aragoneses y catalanes, y, por tanto, la adhesión oficial de Valencia a la Concordia y al Compromiso.

Estas sesiones no tenían apenas proyección pública, eran básicamente reuniones de trabajo y de toma de acuerdos. Sí que hubo una excepción: la proclamación de los nueve compromisarios, celebrada el 16 de marzo de 1412, con una ceremonia de gran solemnidad: misa alta celebrada por el abad de Veruela y nombramiento, mediante lectura pública, de los designados. Seguido de repique de campanas, procesión en el exterior del templo y canto del Te Deum laudamus. Estas nueve personas, en representación de toda la Corona de Aragón, serían los que tendrían un plazo de dos a tres meses para elegir los distintos candidatos en la villa aragonesa de Caspe, proceso final que sería conocido como Compromiso de Caspe

Aunque en la mayoría de las actas, tanto de las Cortes celebradas en Alcañiz como del proceso de la Concordia, se hace referencia al templo en general, en algunas de ellas se mencionan dos espacios del templo: la sagristia o sacristania  (donde se firmó la Concordia) y el capitol o sala capitular situada en la planta baja de esta torre campanario.



 

¿Qué es Alcañiz Flats?

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